Post by Marta Cañete Lobo
Corresponsal en Grecia | Gestora Cultural | Descubre aquí la esencia de Grecia a través de la actualidad y la cultura.
En Grecia hay lugares que parecen de otro planeta. En la costa norte de Milos, encontramos Sarakíniko, un paisaje de roca blanca esculpida por el viento y el mar que recuerda más la luna que el Mediterráneo. Este enclave único se formó a partir de cenizas y tobas, fruto de la intensa actividad volcánica de la isla hace millones de años. Su extrema fragilidad ha dado lugar a esas formas suaves y onduladas que lo han convertido en uno de los lugares más fotografiados del país. Su singularidad ha trascendido incluso al cine: el director griego Yorgos Lánthimos eligió Sarakíniko para la escena final de su película Bugonia, tras no obtener permiso para rodar en la Acrópolis de Atenas. Sin embargo, este paisaje excepcional se ha visto recientemente envuelto en una fuerte polémica. El auge turístico de Milos, cada vez más presente en el mapa internacional, ha incrementado la presión sobre este entorno frágil. El caso más controvertido ha sido la construcción de un hotel de lujo en la zona. Aunque las obras fueron posteriormente declaradas ilegales por irregularidades en su licencia, la intervención fue especialmente agresiva: para levantar el complejo —de dos plantas, con sótano y piscinas, sobre una superficie de unos 19.000 m²— se excavó directamente en la roca, abriendo una zanja de grandes dimensiones. A pesar de la paralización del proyecto, todavía permanecen restos de obra, caminos abiertos y acumulaciones de materiales. Pero la cicatriz que ha dejado este disparate urbanístico no es solo física; también pone de manifiesto fallos profundos en la gestión urbanística y en los mecanismos de control en paisajes con gran valor ambiental.