Post by Jeannina Valenzuela

Periodista Internacional I Especialista en Innovación para los negocios| Construyo marcas y reputación con historia| Conferenciante |

«Será mariquita como dice papá, pensaba yo, pero no es un cobarde». Leí esa frase de paso por Santiago de Chile, en 2025. Había abierto La Tercera sin más plan que matar el tiempo y me topé con una columna de Jaime Bayly. A las pocas líneas ya no estaba en Santiago: estaba en Lima, a mediados de los noventa. Bayly contaba sobre un tío suyo: «El tío homosexual no llegaba a esas reuniones familiares con una pareja, andaba siempre solo y parecía un hombre feliz. Era muy rico, más que sus cuñados el médico y el abogado, pero no alardeaba de su dinero. Yo lo veía con admiración. Me parecía un hombre inteligente, elegante, valeroso, que se atrevía a ser quien era de veras. Cuando se metía al mar, era el más valiente de todos los bañistas». "Inspirado en una reflexión de Jaime Bayly (2026)" publicada en La Tercera de Chile . ------------------------------------------------------------------------------------------------------ Luego de leer esas líneas me devolvieron a aquellos años en Lima, cuando iba a pedir libros prestados a la biblioteca de la oficina de mi padre. Casi todos eran de historia universal o historia del arte, gruesos como biblias; me gustaba cargarlos, como si me volvieran más fuerte. Los cuidaba y los devolvía a su lugar gracias a la complicidad de Teresita, la secretaria de mi padre: una señora mayor, soltera, que en octubre vestía el hábito morado del Señor de los Milagros el mes entero. Todo iba bien hasta que un día, en esa misma oficina, me descubrió leyendo el libro recién salido del horno de ese mismo Jaime Bayly, el joven que antes conducía el programa nocturno de mayor audiencia de la televisión peruana, en prime time. El libro era "No se lo digas a nadie" (Seix Barral, 1994), la novela que inició su carrera literaria abordando la identidad sexual dentro de la sociedad limeña. Teresita fue de inmediato a contar la historia corregida y aumentada: que yo andaba en malos pasos, que esa lectura era una mala influencia, que iba a caer en la perdición. Los comentarios llegarían a mi madre y se complicó: decía que eso no era de Dios, que me alejaba del buen camino. Pero ya era tarde. Lo había leído completo, y nada de lo que leí influenció negativamente en mí. Me otorgó perspectiva. Además estaba cautivada por la prosa contemporánea y su estilo de autoficción , humor corrosivo, ironía y una mirada crítica sobre el poder y la sociedad. Me capturaba su maestría para jugar con las palabras, hilar fino. Y la valentía de un hombre que asumía, sin máscaras, lo que había tenido que guardar. Lo había callado en una sociedad que premiaba ciertos comportamientos y castigaba con crudeza a alguien por ser quien era. Treinta años después, de paso por otra ciudad, una sola frase volvió a recordármelo: que el coraje no es no tener miedo, sino atreverse a ser uno mismo a pesar de él. Jeannina Valenzuela HABLEMOS DE INNOVACIÓN... CON JEANNINA VALENZUELA #Lectura #Coraje #JaimeBayly #respeto

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