Post by Claudia D.

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#Storytelling Quiero creer en un mejor país. Este mundial se siente diferente, nunca he sido la persona más futbolera, pero definitivamente cantar el himno de Colombia, (un país que literalmente me adoptó) a ton y son de 84.000 almas, ver al equipo sufrir, conquistar y ganar, es espectacular, abrazar a los míos, sentir clichesudamente que el fútbol nos une. ...Pero mi personalidad inquieta no se deja ver el vaso lleno y no puedo dejar de pensar... ... En Infantino y que soy parte del problema, al pagarle la boleta a la organización que dirige; ... Es afirmar y leer "la pelota vuelve a casa" cuando realmente no tiene sentido un mundial compartido; ... Es Mexico con sus 130.000 desaparecidos; ... Es la protesta de la gente que habita el Zocalo en estos momentos; Mientras mi mente rumiaba, caminaba en dirección hacia el castillo de Chapultepec, era mi primera vez en CDMX y estaba muy contenta, tenia la euforia del partido, la incertidumbre de qué iba a ser de mi vida, la empatía, la culpa, en un momento dirijo la mirada en tiempo presente, oh sorpresa me encontré con... Un individuo cuyo privilegio le impide indemnizar a una familia campesina que vivió la tragedia de perder a su hija. Un individuo de la alta alcurnia colombiana, prestigio de abogado, socio de firma. Allá estaba él, riendo, como si nada, viviendo, existiendo, y yo, impávida, cobarde porque no me salían las palabras, porque temí de represalias, porque estaba con su familia, porque había menores, porque temí de un escándalo. Por arbitrio me lo encontré por segunda vez, y solté para mis adentros la grosería que por excelencia mi país adoptivo me enseñó "jue...ta". Ahí estaba él, continuando aparentemente el mismo itinerario turístico que yo, él impávido, indiferente, cobarde él. No se si el problema es él, si soy yo, si alguien se acuerda, si el país se acuerda de que atrocidades como aquellas viven en una memoria muy corta de las almas que silenciosamente privilegian un apellido o un status quo, sobre lo moralmente correcto. En fin, me consolé con el imaginario divino omnipresente de "dios no se queda con nada." A los días regrese al país con una realidad que no quería enfrentar, es una realidad política que con sus matices, me parece un dejavú, solo que ahora lo vivo desde la parte adulta de mi ser. No siento lástima, porque si hay algo mortalmente burdo y cierto es que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, pero en mi cosmos, sólo pienso.. qué pereza escoger entre esos candidatos, qué pereza que no puedo votar, qué pereza de presidente electo. Colombia merece más y mejor. Anecdóticamente, el universo me dejó devolver en el vuelo con Andrea Echeverri y recordé gratamente lo que me gusta Aterciopelados, y que Colombia es ella, es el café, es gabo, son las mariposas, es el hogar. {continúa en comments}