Post by Clara R. Baum

La palabra precisa. La historia bien contada | Presentadora de eventos & Locutora profesional | Periodista & correctora freelance | Experta en comunicación efectiva

En un aniversario de empresa hay un momento que siempre me interesa. No está en el guion. Suele ocurrir antes de empezar, cuando alguien se acerca a saludar a otra persona y le dice: “¿Te acuerdas de aquello?”. Y entonces, durante unos segundos, la empresa deja de ser una marca, un logo, una pantalla o una cifra. Vuelve a ser un sitio. Una nave. Una mesa. Una máquina que había que poner en marcha. Un problema que resolver a última hora. La pasada semana presenté, junto a Antonio Rafael García Oliveros, el acto del 40 aniversario de Infrico. Este gigante del frío industrial a nivel mundial nació en 1986, con tres máquinas de segunda mano y una nave alquilada. Hoy es una referencia internacional, con presencia en más de 90 países. Entre una cosa y la otra caben muchos datos. Instalaciones, líneas de negocio, innovación, empleo, internacionalización. Pero caben también las manos: las de quienes llegaron al principio, como José y Juan, que en este acto recibieron un reconocimiento merecido. Las de quienes aprendieron el oficio cuando todavía no había cursos ni cátedras especializadas, sino alguien al lado diciendo: “mira, esto se hace así”. Y las de quienes hoy siguen trabajando para que, dentro de otras cuatro décadas, alguien pueda volver a contar esta historia desde el escenario. Gracias a Infrico, especialmente a José María Torres, por confiar en nosotros para conducir una celebración con tanta historia detrás, profesional y humana. Gracias a Ana y Marissa por su implicación y cariño. Y gracias, Antonio Rafael, por compartir escenario, espero que sea la primera de muchas. Cuarenta años después, aquella nave alquilada queda lejos. Pero hay cosas que no conviene perder de vista: casi todo lo que crece de verdad empezó alguna vez con alguien remangándose. Familia Torres: ¡Felicidades!

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